Descripción
Del 11 de junio al 11 de julio de 2026
Crear es aprender a habitar el mundo. Para mí, el arte textil no es sólo una técnica, es una disciplina del alma, una forma de estar aquí y ahora.
Cada movimiento de la mano, cada paso de la fibra entre los dedos es un ancla echada en el momento presente. En el silencio del estudio, la creación se convierte en una meditación táctil. Para mí, colocar el hilo sobre el lienzo es un acto tan vibrante y placentero como colocar la pluma y la tinta sobre el papel, o el pastel sobre el grano del soporte.
En mi mente, el hilo y la tinta se funden: dibujar con un bolígrafo significa trazar hilos de pensamiento; dibujar con hilo significa escribir en el espacio. Este enfoque me permite la improvisación espontánea y la libertad gráfica que sólo este medio puede proporcionar.
Mi obra está habitada por vibrantes recuerdos de mi infancia en Rumanía. Recuerdo aquellas casas donde los textiles cubrían cada pared, cada cama, cada suelo. Llevo dentro la magia de aquellas mujeres reunidas en un banco en verano o junto al fuego en invierno, tejiendo historias y bordando mundos. Recuerdo el bordado sobre la cama de mi abuela que decía: "Dondequiera que me lleve la vida, nunca olvidaré mi pueblo natal"
Hoy, mi obra es heredera de estos cuentos cosidos y de esta transmisión de mujer a mujer.
Trabajar con hilos significa encontrarse primero con su materia. Me encanta su suavidad reconfortante, su calor protector y la vibración infinita de sus colores. Pero el hilo es también un maestro de la paciencia.
Desatar un nudo significa desatar una parte de uno mismo; es un acto de cuidado que transforma el obstáculo en una nueva libertad.
Bajo mis dedos, el hilo se convierte en una línea curva, una línea gráfica que explora la feminidad
evoca la redondez de un vientre que lleva vida, la fuerza y la gracia del cuerpo de una mujer.
Cuando creo, no sólo tejo, sino que bailo. Mis líneas curvas son una extensión de mis movimientos, una coreografía espontánea en la que bailo con los hilos. Este gesto se convierte entonces en un flujo, como un río que viaja hasta el mar. Este flujo es el de los encuentros humanos, los lugares que recorro y la inspiración que me arrastra. El hilo es la corriente que une mi pasado a mi presente, un río de vida en perpetua evolución.
Sin embargo, en el corazón de esta belleza yace una verdad más profunda: la fragilidad.
El hilo es un recordatorio constante de que todo lo valioso es perecedero. Como el hilo, la vida es una fina línea
hermosa pero vulnerable, capaz de romperse en cualquier momento.
Es precisamente esta precariedad la que le da su precio. A través de mi obra, intento captar este equilibrio inestable: la fuerza de una trama que se construye y la delicadeza de una hebra que puede romperse.
Esta exposición es una invitación a ir más despacio. A mirar más de cerca el tejido de nuestras propias vidas y a celebrar, juntos, el esplendor de lo que pende de un hilo.

